lunes, 7 de mayo de 2018

Sobre la identidad

Este fin de semana ha ido mucho sobre la identidad. Así llevamos ya bastante tiempo. Con la identidad en la boca. ¿Quiénes somos? ¿Somos siempre de la misma manera? ¿Cuánto tiempo es necesario para que seamos como somos? ¿Somos lo que somos porque...? Preguntas que no conducen a nada. Este fin de semana LET Teatre ha representado la obra #BeMe en torno a la idea de ser uno, de ponerse en el lugar del otro y cómo las personas que sufren algún daño neurológico, pérdida de memoria, Alzheimer, se han de reconstruir y los demás entender su proceso de reconstrucción y participar de él. Una obra en la que los actores hacen el esfuerzo de hacernos entender con su cuerpo, con sus gestos, más que con la palabra, cómo somos, qué nos define, qué hacemos que nos hace nosotros. Momento para el recuerdo, la grabación de Félix Rodríguez de la Fuente explicando que los animales se pueden creer que somos uno de ellos, o ellos uno de nosotros, de hacernos lobos, de creernos ocas, de Konrad Lorenz, de aullar a la luna. Al final, como siempre en los espectáculos de LET Teatre, y como en todos los espectáculos de todo el mundo, hay mucho que ponen ellos y otro mucho que has de poner tú. ¿Cuándo somos nosotros?
Este fin de semana he ido a l'Esquirol, l'Esquirol de Girona, no el de Tarragona, porque en Tarragona no hay ningún l'Esquirol. Estando en l'Esquirol no me quedó claro si estaba en L'Esquirol, en Collsacabra, en... otra parte. Para llegar a L'Esquirol tuve que atravesar muchos otros pueblos. En esos pueblos no sé el porcentaje de su población tiene muy claro quienes son y así lo demuestran. Para muchos, supongo que eso supone un escenario idílico, lleno de una simbología determinada que les hace sentir que, allí sí, aquello es auténtico y esa gente de esos pueblos, son eso. Ellos. De los suyos. Y hay murales, y colores y la simbología que se ha decidido que represente a una parte del pueblo. El pueblo. Las carreteras, los puentes, los balcones de las casas. Incluso un campo lleno de flores amarillas. VArios campos llenos de flores amarillas. El amarillo.
Casualmente, el motivo de la visita a l'Esquirol, tenía que ver también con la memoria. Perderla o afirmarla. No sé si merece la pena saber quiénes somos. Y recordarlo. Porque recordar quiénes somos no sé si vale de algo.
Este fin de semana se ha convocado en Santa Coloma una manifestación por parte de quienes quieren que Catalunya y en concreto Santa Coloma por mor de su composición étnica o porque nos ha tocado la lotería, el Gordo de la Lotería, sea España. Pero no una España. Esa España. En concreto esa España que no encuentra otra manera de afirmarse que con el himno de España y con Manolo Escobar. Y considera que España es algo que merece ser todo el mundo para que se jodan. Tabarnia. Banderas. Contra ellos, muchos más se manifestaron para decirles que su rollo no mola. Su identidad no mola. Si hubiera estado en Santa Coloma me hubiera manifestado con ellos. No sé cuántos se manifestaban contra esa puta mierda de identidad concreta o para decir que esa identidad concreta es una mierda y otra identidad es mejor.
Y me hubiera sentido muy triste.
De hecho, cuando llegué a casa estaba muy triste. Triste por las banderas, porque hemos encontrado un punto de unión, al fin, en el conflicto identitario, en las banderas mejores y peores. En silbar un himno y aplaudir otro himno. La identidad. Al fin lo han conseguido. Encontrarte todo un pueblo forrado. Una ciudad en la que la mitad de la plaza pone una canción y la otra pone otra canción. Y nos vamos a casa y nosotros pensamos que hemos parado el fascismo y los del otro bando se van a casa demostrando que se han manifestado.
Y así, vamos haciendo. Construyendo lo que somos y en lo que nos estamos convirtiendo. En una sociedad de mierda.

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