miércoles, 27 de julio de 2016

Por la cara



Jan Frank Vanderaerden ha publicado por fin un tercer libro de relatos. Hace tiempo que no compartimos nada con ustedes pero creemos que este es un muy buen momento. El volúmen se titula 'Es así' y este pequeño texto que les ofrecemos es el llamado 'Por la cara'.
'Depuys había llegado tarde a la cita aquel día y ya nunca más la volvió a ver. Con esto podríamos dar por terminada la narración, pero lo importante es el impacto que causó en Depuys aquella pérdida. Esa misma tarde, Depuys volvió a su casa e intentó escribir una carta para su amada que no se atrevió a teminar. Tampoco fue al restaurant de Florian para hacer la llamada de teléfono de rigor, la que siempre hacía cuando concertaban una cita. Depuys se quedó sentado en un sofá y miró hacia la pared. Y vio su cara.
Al día siguiente, era domingo, despertó en el mismo lugar en el que se había sentado al volver aquella tarde. Se aseó, se vistió y bajó a la calle con la intención de desayunar en el restaurante de Florian. Bajó, pero dió una vuelta a la manzana y volvió a subir a su casa. Se volvió a sentar, esta vez en el balcón, miró hacia el cielo. Y vio su cara.
Por la tarde, después de comer, quiso hacer una gestión que tenía pendiente desde hacía muchos días y que había ido posponiendo por motivos diversos. Consiguió bajar, algo le llamó la atención. Quiso saber si fuera de su casa... Se sentó en un banco que se hallaba cerca de su portal. Y vio su cara.
Allí se quedó durante toda la tarde. Cuando las primeras gotas de una fina lluvia empezaban a mojar su cara, volvió a subir a su casa, se preparó la cena. En el plato de sopa, vio su cara.
Depuys no hablaba con nadie sobre lo que le ocurría. Se incorporó a su trabajo como administrador de una empresa de exportación de diversos cachivaches. El primer día después de un intenso fin de semana. Bajó las escaleras de su casa y se quedó sentado en las escaleras antes de salir a la calle. Y vio su cara.
Pasaron quince días antes de que Depuys volviera a salir de casa. Había descubierto que en su cama, encogido y encorvado, mirando hacia la pared, podía hacerlo. Veía su cara.
Una visita a casa de su madre le sacó de ese estado. Un chaval del barrio había sido enviado a su casa para comunicarle que su madre estaba enferma y que necesitaba una medicina que Depuys le compraba regularmente. Depuys se vistió, se aseó (primero se aseó y luego se vistió) y salió a la calle. Dio una vuelta a la manzana y se volvió a encerrar en casa. Antes, pasó por el restaurante de Florian y dejó nota en casa de su madre para que enviasen a aquel muchacho a comprar la medicina a su cuenta. En su casa nuevamente, vio su cara.
Veía su cara todos los días, pero a ella nunca más la volvió a ver. Depuys falleció al cabo de unos pocos meses, víctima de un estado de abandono espantoso. No comía, etc.
Ella, Victoria Packer, que había llegado demasiado temprano a la cita, se cansó y se fue. Esperó durante mucho tiempo una llamada, una carta, algo. Esperaba que Depuys volviera a contactar con ella. No conseguía recordar su cara. La encontraron en su casa...'.

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