miércoles, 4 de febrero de 2015

Martínez

No tengo yo hoy muchas ganas de escribir. Así que recojo un texto que teníamos medio olvidado, en concreto extraído del interesante libro 'Extraños asuntos recopilados por el mundo', del doctor Asirio Martínez. No se lo creerán, el texto se llama 'Todos son Martínez'.
'Hola, muy buenas tardes. Me dirijo a usted para relatar mi caso que no sé si es mi caso o simplemente es que estoy para que me encierren y esto que cuento jamás ocurrió, ni está ocurriendo, ni yo lo vivo, ni nada de nada. Me llamo Ramón Berenguer Quart y vivo en un domicilio pequeño y oscuro de la calle Ramón Berenguer. Bueno, pues hasta aquí. Mi historia comienza el primer día de colegio, en el parvulito. Era pequeño, como no podía ser de otra manera, y mi madre me llevó el primer día de escuela, de la mano, feliz, radiante, estupenda, a la Guardería Martínez. Ahí empezó todo. El primer día de clase. Qué llantina. Qué nervios. Sin mi madre. La profesora pasó lista. 'Ramón Berenguer Quart, presente'. A partir de ahí, Carlos, Pedro, Jaume, Natividad, Elena, Eudora, Alba, Paula, Marc... todos eran Martínez. Yo tenia tres años y no le dí más importancia. No lo vi ni normal ni extraño. Pasó un curso, pasó el siguiente, algunos niños se iban y otros venían. Pero todos eran Martínez. Ya digo que yo era muy pequeño y que, aunque raro, no conseguía preocuparme por ello. Se lo decía a mi madre, que me miraba extrañada. 'Mamá, en clase todos son Martínez'. 'Anda, idiota, siéntate bien y no mordisquees el pan'.
Los años pasaron. En la E.G.B. todos los niños eran Martínez. Los profesores también se apellidaban Martínez. El de matemáticas, Albert Martínez Martínez. La de historia, Silvia Martínez Martínez. El de gimnasia, Ferran Martínez Martínez. Así todos los años. Mi mejor amigo de la vida de siempre en el colegio se llamaba José Luis Martínez Martínez. La niña de la que me enamoré y que jamás supo que yo... se llamaba Rosaura Martínez Martínez. A medida que me iba haciendo mayor me iba haciendo preguntas. ¿Todos eran Martínez? Mi padre trabajaba en una empresa de hilaturas y bobinajes, llamada 'La Martínez de filaturas'. Por miedo a una respuesta que me asustara más, nunca le pregunté cómo se llamaban sus compañeros de trabajo. Mi padre siempre evitaba hablar de lo que hacía, de sus amigos. Mi padre no tenía amigos.
Cuando salí del colegio, me apuntaron a un instituto público. El instituto se llamaba 'Roberto Juan Martínez Martínez', en honor a un futbolista argentino. No entendí nunca porqué se escogió ese nombre para un instituto de aquí. Aquí es aquí, no es allá. Con catorce o quince años empecé a preocuparme. En este nuevo escenario, todos eran Martínez igual. Los profesores, los alumnos, el conserje. Martínez Martínez. Y nadie parecía darle importancia. No sabía yo si cuando iba por la calle el resto del mundo también era Martínez. Sabía que mis padres no eran Martínez. Que mi hermana Berenguela no era Martínez. Pero ignoraba si el resto del mundo no pudiera ser Martínez. Martínez Martínez. Con mi amigo José Luis Martínez Martínez salía de cervezas, las cervezas de la adolescencia, íbamos a bares cutres, recuerdo el bar Martínez... ya se imaginan. Taberna Martínez. Zapatería Martínez. Foto Report Martínez. Discos Martínez. Colmado Martínez. Intentaba a veces hablar con mi madre del tema. Mi madre siempre me interrumpía. 'Péinate como una persona ya'. 'Recoge un poco el lavabo cuando hagas algo, que pareces un cerdo'. Siempre de mal humor. Mi padre miraba en la tele documentales y sonreía. Era el único momento en el que sonreía. El resto del tiempo tenía la mirada triste.
Estudié Filología Hispánica, lamentablemente. En la Universidad me eché novia. Se llamaba Xènia Martìnez Martínez. Era de Tarragona. Más guapa. Martínez Martínez. En mi clase, ya se imagina usted, todos eran Martínez Martínez. Incluso un profesor que teníamos, inglés, se llamaba Fred Martínez Martínez, porque su padre era un exiliado republicano y su madre dominicana.
Joven y lleno de vida, empecé a investigar. Qué pasaba en mi vida. Recopilé datos. Me dirigí al Ayuntamiento, miré registros. En realidad, el mundo estaba lleno de gentes con otro nombre, con apellidos varios. Pero yo sólo me relacionaba con Martínez Martínez. Fui a la Universidad, miré el listado de alumnos de todas las carreras. Gente con nombres y apellidos diversos. Si yo iba a alguna clase, todos eran Martínez Martínez.
¿Que explicación puedo dar? ¿Qué explicación me di a mí mismo? Ninguna. Xènia Martínez Martínez me dejó por mi amigo José Luis Martínez Martínez. Una nueva mujer apareció en mi vida, Concepción Martínez Martínez. Todo parecía ir bien, pero fue mal. Acabé la carrera, encontré trabajo en una empresa editora de revistas de motor. La empresa se llamaba y se llama aún 'Ediciones Martínez'. Todos mis compañeros eran Martínez.
Un día mi padre se fue de casa y no volvió.
Mi madre. Me di cuenta de que mi madre no salía de casa casi nunca. No había trabajado jamás. Sólo se había ocupado de mi padre y de mí. Por curiosidad, le pregunté a mi madre si había algún Martínez en la familia. Me dijo 'abróchate bien que hace frío'.
Llevo veinte años trabajando en la empresa Martínez. Mi mujer se llama Clotilde Martínez Martínez. No podemos tener hijos.
No he hablado con nadie que no se llame Martínez en toda mi vida, salvo mis padres. Ni me molesta, ni me deja de molestar. Pero lo veo raro. Y quisiera una respuesta. O algo. Que un día me va a petar la patata de verdad'.

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