viernes, 24 de noviembre de 2017

Miscelánea

Hay canciones que llegan en un momento y que parece que las has estado esperando toda la vida. Una catarata de frases con mucho azúcar. Sea como sea, hay una canción de los Modern Lovers, que en realidad es una canción de Jonathan Richman el solito porque sale a capela prácticamente y de hecho no sale en el disco de los Modern Lovers sino que sale en algún descarte o en algún bonus track o algo así. Una canción que así escuchada tiene su qué pero que no es lo que es hasta que no escuchas la versión de los Galaxie 500. Y ya no puedes dejar de escuchar esa canción, y la tienes en la cabeza y va saliendo de vez en cuando a lo largo del día y sobre todo, no sé porqué, por las mañanas. Una canción que se llama 'No dejes malgastar nuestra juventud', pero que en toda la canción no se dice ni una vez, en la canción se dice 'no dejes que se malgaste'. Es una canción de una letra terrible pero que cuando la canta Jonathan Richman, como la canta él, no se sabe si da pena o no da pena. Ahora, cuando la canta Dean Wareham, ya sabes qué es lo que te tiene que dar. Y tiene unos guitarrazos muy gordos. Y mola mucho. Y no la voy a poner, voy a poner la original.

Ha sacado nuevo disco Charlotte Gainsbourg. La leche. No lo sabía y me enteré el otro día escuchando la radio y lo pusieron así como de refilón y dije... es Charlotte. Me encantó el disco que hizo con Air y me medio moló el disco que hizo con Beck. Es la hija de Jane Birkin y de Serge Gainsbourg. Como quien no dice nada. Podría no hacer nada, pero Charlotte Gainsbourg a mí me mola, me gusta cuando sale en las pelis, me gusta cuando canta. No me he preocupado en saber con quién ha hecho el disco esta vez. Solo sé que lo poco que escuché el otro día en la radio me gustó. Es un poco eso, como que me da igual. Me da igual, si lo hace este, pues me gusta, y así. Y no me complico mucho más. Me parece que todo tendría que ser así. De hecho ya es así para todo el mundo en casi todas las cosas. Quién lo ha dicho. Es verdad. Tanto rollo para acabar siendo convencidos siempre por los mismos por lo mismo. Porque lo ha dicho este. Y de este me fío. Un creador de opiñón. Si lo canta la Gainsbourg me da igual si suena finolis o es música para pijos, a mí me gusta y ya puede salir el sol por donde quiera. Y a vosotros os pasa igual lo que pasa es que no os atrevéis a decirlo, porque el vuestro no canta. Y canta peor.

A veces me doy angustia. ¿No os ha pasado? A veces creo que tengo una sensibilidad tan así, tan superficial, tan de amor, que me dan ganas de vomitar. Me tengo angustia. Me tengo a veces un poco de dentera, de asquete. Me veo o me oigo y me digo, ay, qué asquito que me tengo, por favor, tan así. Tan carameloso, tan bueno, tan sensible, tan llorón, tan de hacer así y abrazarme y decir, ostia tío, es que eres una persona que pareces tan completa, tan versátil, que eres capaz de conjuntar en una sola persona tantas cualidades, te preocupas por los demás, estás implicado, participas, organizas, distribuyes, sacas los córners, tienes una zurdita que ni Maradona, eres sensible, cantas, bailas, recitas, estás en todas partes. Eres una persona que, joder, tío. A veces, cuando llego a casa por la noche, cuando me enfrento a la soledad en mi habitación abrazado a unas almohadas de Ikea de esas blandurrias que no son ni almohadas ni mierda, pienso, y de qué vale todo eso. De qué vale ser una persona tan grande, de qué vale tener todo este corazón si no es uno más que una gota de agua en un océano, si no eres nadie comparado con las masas gigantes de gente, de pueblo, de los humildes, de los que todos los días... y me doy ganas de vomitar otra vez.

Todos los días, más o menos a esta hora, no hago lo mismo. Varío. No sabéis a qué hora escribo esto así que no tenéis ni idea de nada. Hasta ahora no he dicho nada de vosotros. No, hasta ahora me he ido conteniendo y no he dicho nada de lo que pienso sobre vosotros. Y ahora, en este momento, que vosotros no sabéis qué momento es, me parece que ha llegado la hora. Me parece que ya está bien. Ahora es la hora, ahora viene el gol. Lo que opino de vosotros es que voy a salir a fumarme un piti y ya luego cuando entre otra vez. Y así todos los días. Todos los días posponiendo el veredicto. Todos los días emitiendo una sentencia dilatoria. El año pasado, por estas fechas, era veinticuatro de noviembre y no me acuerdo de nada que no haya salido en Facebook. Da igual. Podríamos mirar cualquier otra fecha. Me gustaría decir lo que tengo que decir sobre vosotros, pero no me atrevo. Porque me da angustia. Una angustia que no es equiparable a la angustia que le puede dar a un ser humano normal que cree que tiene algún talento o alguna cosa, un algo. Lo que sea. No sé. Esta mañana, me he levantado con un miedo atroz a coger frío y se había caído el tenderete de la ropa tendida y tenía que salir a recogerlo. Llevaré calzoncillos sucios toda la semana. He salido por obligación. Pero todavía no he dicho nada sobre vosotros.

Le llamaban camarada fichero porque se limitaba a ir haciendo, la tarea ingrata de ir apuntando los nombres, memorizando quién estaba allí y quién venía de allá. A quién se tenía que enviar allí para hacer nosequé. El que llevaba el tema aquel. A este lo pondremos a hacer esto. Al otro lo otro. Encárgate tú de decírselo. Yo estoy muy ocupado leyendo este libro sobre... yo estoy muy ocupado escribiendo un blog. Un blog en el que doy mi opinión, una opinión que luego expongo muy brillantemente en una ruñón. Y mientras tanto el camarada fichero va apuntando, y organizando, y recogiendo nombres y formando un grupo de gente que va viendo que el brillante orador no sirve realmente para nada más que no sea que para lucir en un discurso precioso, pero que si no es por el camarada fichero, ahí no hay nadie que tenga dos dedos de frente. Se necesita organización, una ruñón, una nueva ruñón, y no tanto discurso brillante y no tanto tanto. Enseñanzas extraídas del gran libro que me he leído. Lees libros que te enseñan cosas. He leído el libro pero no estoy organizando nada, así que ya estamos en las mismas. Hay que mandar un mail, ya lo mando yo.

Estoy entusiasmado con la idea. Estoy asustado con la idea. No tengo ni idea. Me gusta que vayamos a participar todos en esta fiesta de la democracia y que todos nos esforcemos en trasladar la idea de que somos garantía del orden. Orden y democracia. Nosotros somos los que garantizaremos que haya orden. Implementar. Chupito. Implementar. Implementar. El pueblo, la gente hecha pueblo, corriendo a buscar en los diccionarios Iter la palabra implementar. Vamos a utilizar el resultado de estas votaciones para implementar. Implementar. Chupito. El relato. Ahora se trata de implementar. Relato. Está hecho, es simple. Vamos a ver. Vamos a ver cómo lo hacemos. Juntemos los cachetes de las caras así. Implementar. Orden. Dejémonos de experimentos y regresemos al vientre de la madre tierra. Regresemos al convenio colectivo que hemos conseguido rebajar en un nosecuanto pero que no ha sido tan malo porque... regresemos al pacto y al consenso y al vamos perdiendo pero acuérdate de lo que ganamos y la memoria de los mártires. Y los miércoles. ¿Porqué vamos en este carro sin frenos? Técnico municipal en gestión de ojos de papel caídos en el suelo. Es que a veces, de verdad, me se pone una cosa aquí...

Muy bien. Recuerden que hay cantidad de cosas que se pueden hacer este fin de semana, sin dinero. 

jueves, 23 de noviembre de 2017

Opiñón


Para el último número de la revista ‘Kult of the mind’, el eminente profesor August Delanit ha trabajado en una interesante teoría sobre la necesidad de decir en un artículo titulado ‘Opiñón’, que nos permitimos reproducir aquí.
‘Somos muchos los que tenemos una irrefrenable necesidad de ser a través de la locución de nuestras ideas a un público que puede ser unipersonal o universal o meramente un grupo de tamaño diverso. También con la llegada de los medios de comunicación que no requieren la presencia física de un interlocutor, estamos predispuestos a verter ideas que se nos ocurren sobre los temas más peregrinos o bien los más importantes o bien los más importantes para nosotros y peregrinos para los demás. Lo que sea. Es lo que llamamos la opiñón.
La opiñón es aquello que deberíamos distinguir de la mera e inconexa sucesión de ideas que lanzamos al aire sin ton ni son. No es lo mismo parlanchinear sin más que reflexionar y emitir un juicio de valor sobre algo. No es lo mismo soltarla a voleo que no escuchar atentamente y, siguiendo un patrón que enlace con nuestro sistema de pensamiento enriquecer a la humanidad con nuestra opiñón.
Gracias a que el ser humano es capaz de emitir opiñones sobre esto y aquello, avanzamos. Y sé bien que no estamos descubriendo nada, que con este artículo no abro un canal nuevo de progreso científico, nada por el estilo. Simplemente quiero hacer llegar que a través de este artículo deberíamos hacer una reflexión sobre lo que significa parar, masticar un poco una idea, y hacerla común. Vivimos en una sociedad en la que nos acostumbramos a no pensar lo que decimos, a ir deprisa y no calmar, reposar nuestra reflexión. Entrar en un establecimiento hostelero, ver en la televisión encendida cómo algún elemento prominente de nuestra sociedad emite alguna opiñón, escuchar a algún parroquiano decir algo al respecto y acto seguido contestar sin haber trabajado realmente nuestra opiñón y soltar simplemente una frase que no dice nada ni aporta realmente nada. Son pocas las ocasiones en las que un ser humano puede realmente elevarse sobre la masa y conectar con las grandes líneas del pensamiento que nos han llevado a progreso técnico y científico tal que si nos vieran nuestros propios padres se quedarían asombrados de cómo y qué.
La opiñón valorada y valorable. La opiñón que se tiene en cuenta. La opiñón del que se llama creador de opiñón. El creador de opiñón es alguien que no solo lanza esa opiñón en el establecimiento hostelero, sino alguien que es esperado. Alguien a quien se le requiere que lance su juicio de valor, que emita su idea. Que dé su opiñón. Y la da. Y los demás asienten y consideran esa opiñón como susceptible de ser acogida como propia y completar un propio sistema de opiñones que unos y otros comparten como opiñones válidas. Todo esto lo voy diciendo aunque sé que el común de los mortales ya lo sabe, pero nunca sabe uno si su opiñón va a ser nueva para alguien. Incluso si su opiñón expresada por uno mismo y no por otro es mejor que la de ese otro. Son cosas que parece que se dan por sentadas pero que nunca viene más volver a sacar a la luz. Porque quizás seas para alguien el primero que las saque a la luz. Y quiera saber más de tu opiñón sobre más cosas. Y así se construye un mito’.

El artículo no se lo hemos publicado por lo de opiñón. Y él que sí. Y nosotros que no. Y que no tenemos ni puta idea. Y ya nos hemos enfadado. Pero nos ha hecho gracia al final. No es mal tío.

miércoles, 22 de noviembre de 2017

#pilarinbayesització

No sé a santo de qué, pero hice la comunión. No sé si fueron mis padres quienes me convencieron, que creo que no, o si fui yo quien les convencí, que no sé porqué. El caso es que hice la comunión y la catequesis en la iglesia de Sant Josep Oriol. El libro de la catequesis era con dibujos de Pilarín Bayés. Que no sabes quién es Pilarín Bayés hasta que eres mayor. Y descubres a una mujer siempre risueña, feliz, que quiere contagiar buen rollo, dulce... un amor. La ves en el anuncio de Borges, creo, siendo un amor con los niños que quieren comer y ella está en el anuncio. Todo es bien. Pilarín Bayés va a ir en las listas de Junts per Catalunya en las próximas elecciones del 21-D. Líbreme Dios de llamar a las elecciones autonómicas, constituyentes, plebiscitarias, etc.
Líbreme dios de criticar o hacer bufa con Pilarín Bayés. A mí me gustaban los dibujitos en el libro de la catequesis. No me gustaba tanto cuando salía en los anuncios de Banc de Sabadell a los que tanta gente les tiene rabia y que a mí plin. Me gusta menos aún en los anuncios de Borges que sí que me dan rabia. 
El otro día, digo, repasando twitter supongo que enfebrecido y malo de morir, descubrí a una twittera (@mcalpena) que acuñó un término que me tiene loco: la pilarinbayesització, en catalán, pilarínbayesización en castellano, de la sociedad catalana. A todos los niveles.
Cuando hablamos de todos los niveles, estamos hablando de todos los niveles.
No sé a lo que se referirá la twittera con esto, pero yo tengo mi propia idea. Pilarín Bayés habla como para niños, como si ella misma fuera también una niña. Como si todos estuviéramos en una clase de colegio y con las caras pintadas y el morro con nocilla y necesitáramos que nos hablaran así suavecito y sonriendo y el mundo fuera bonito y no quisiéramos que nada ni nadie nos enseñara una cara oscura y desagradable. Todo va bien, nosotros estamos bien, que nadie venga a contarnos cosas feas que no nos interesan.
A todos los niveles.
No hablo solo de quienes piensan que está yendo todo de narices y que tenemos que tener fe ciega en los gobernantes y en los políticos, de aquí y de Bruselas, porque ellos tienen el plan perfecto y todo irá bien. También los otros, los que nos hablan de un mundo terrible en el que el catalanismo y el independentismo ha creado a una legión de personas con el cerebro comido que desconocen las virtudes máximas que tiene eso de ser español. En uno y otro bando, se ha impuesto la sencillez, el mensaje que apela a nuestro niño que quiere estar bien, que quiere que sus papás estén cerca y que fomenten su creatividad en un espacio controlado. Así, está bien, eres bueno, te quiero, voy a estar contigo siempre. No tengas miedo. Los otros no vendrán.
No conozcas a los otros, no les hables, no son como tú. Esos catalanufos guarros con sus pantalones anchos y sus modales cosmopolitas y aretes en las orejas y gafas de pasta con curros guays y casa rural en fin de semana, no nos gustan, pero nosotros estamos bien, en nuestro ambiente, con nuestra gente, con quienes sentimos a España en el corazón, en nuestras raíces, que no queremos renunciar a una cultura que nos ha dado tanto y tanto y a un país que es ejemplo de... No, no hables, no vayas nunca a una peña rociera que no hay más que chusma que no quiere relacionarse con nosotros, seamos felices en nuestra porción de cielo bendito que ha nacido cerca de Francia. Siempre cuento lo mismo, una actriz en un programa de tv3 en el que hablaban de su vida. Era una chica joven y no recuerdo el nombre. Decía que como era de Figueres, cerca de Francia, la vida cultural era intensa y... cerca de Francia. Me pareció increíble. Los de Tortosa deben ser... es eso. Conceptos básicos que
damos por sentados para sentirnos bien. Estamos cerca de Francia, es bueno.
Listas electorales con gente mayor. Fichajes, entrada en escena de gente mayor que decide dar el paso y hacer de la política algo más viejo aún. Profesionales contrastados que vienen a hacerlo todo más conservador, amable, acogedor. En tiempo de zozobra, gente mayor que nos hable como si fuéramos niños para que estemos tranquilos. Gente mayor que ya no prometa cambiar nada, sino estar a gusto con los nuestros. Con nuestra mitad de mundo. No me salgo de los míos y estoy bien.
No me quiero mezcla con gente que piense diferente porque no me interesa. Están al servicio del régimen. De cualquier régimen.
Y eso. Que lo hacemos todo muy bien y que si estamos todos juntos y confiamos en que la gente es buena, pues ya si eso. Calentitos en casa. Felices los cuatro. Pónganse un vídeo de Pilarín Bayés y verán.

martes, 21 de noviembre de 2017

Ponerse malo

No me gusta mucho hablar de mí. Me gustaba más inventarme historias, relatos en los que uno llegaba a un sitio y le pasaba algo y a lo mejor lo que le estaba pasando era nada. Pero no me salen. Me sale hablar de mí. Y la cago. No me encontraba bien, eso ya lo sabe todo el mundo. El sábado cogí frío. Dónde cogí frío, supongo que en el ensayo aquel en el que no había más que una estufa lejana, y no le dí importancia y a partir de ahí mal. Y luego ya fui campeando, sorteando, esquivando. El domingo, contra lo que viene a ser mi costumbre, no alterné. Ni fui a ver ese concierto tan chulo, ni me fui a tomar un vino pequeño burgués, ni me di un paseo proletario. Nada. No estaba de humor, no andaba fino. Y así fue paseando la tarde ante los ojos de uno para ir al fútbol. A un Athletic Villarreal que amenazaba con ser devastador y no fue devastador porque no me enteré casi de nada. Empezó el desastre. Nunca me había encontrado así.
Soy, desde pequeño, un moqueador constante. Siempre con mocos, siempre con el pañuelillo, siempre con los ojos llorosos, siempre resfriado, siempre, siempre siempre. Pero algo pasó el domingo. Recuerdo que barrí y fregué. No quiero pensar que le tenga alergia al Xampa ful con el que limpio el suelo. Sea como sea, viví una primera parte espantosa y una segunda parte horrible. Mocos, estornudos, mal. Volver a casa a eso de las once. Cenar algo. Mocos, estornudar.
Pero unos estornudos espantosos, terribles, con una violencia completa. Una violencia absoluta. Una violencia sin precedentes. Muchos estornudos, muy continuados. Viendo la tele. Intentando hacer ver que no pasa nada. La tertulia política, las fotos al documental sobre Canet Rock, no poder ni alburar hacer un instagram con esas fotos. Nada. No poder pensar. A la cama.
Estornudar en la cama. Sin freno. Violentamente. Todo el rato. Toda la noche. Recuerdo gritar incluso de rabia porque no podía parar. Mocos, muchos mocos. Fatal. Pañuelos y pañuelos. Un vaso de leche caliente con colacao y un paracetamol. Nada. Nada de nada.
Por la noche. Distintos sueños. Uno de los qués de ponerse malo es que sueñas cosas más raras. Por ejemplo. Estos días he soñado que dos artefactos, dos elementos extraños, como dos transformers rarísimos peleaban en el aire entre ellos. Pero no peleaban de manera normal como se pelea la gente. Estaban peleando y no sabía de dónde les salían los brazos o las armas o lo que tuvieran. Eran aparatos con nombre raro. Eran cosas muy raras. Y me daba la vuelta a un lado y a otro y no sabía cómo colocarme. Y no sudaba.
Cuando me meto en la cama y estoy malo y me tomo un sobre o me tomo un paracetamol, quiero sudar. Si sudo es bien. Si no sudo es raro. Y no sudaba. Tenía frío. Con los edredones, los nórdicos, con su puta madre y no sudaba. No he sudado. Solo un poco, muy poco, por la mañana.
Ayer no me pude levantar de la cama. Comí, me duché, me quedé un rato en el sofá. Se me caían los mocos mientras calentaba el caldo, mientras freía un poco de lomo, mientras cortaba el pan. Mocos, mocos por la mesa, mocos en el suelo, mocos en todas partes. Y estornudar como si tuviera que romper la pared. Como si tuviera que matar a alguien que viviera dentro de mí con esos estornudos.
Volví a la cama, pensaba que era el cumpleaños de mi madre y no la iba a ver. Ni podría hacer el meme de rigor de 'españoles, hoy es el cumpleaños de mi madre'. Me daba pereza mirar el móvil. Me daba miedo sacar un brazo. Esta mañana me daba miedo levantarme de la cama, miedo total, no quería, tenía frío, estaba calentito.
Mis ojos eran como dos globos, que decía la canción de pink floyd. Eso ha sido más esta mañana.
Otro sueño. Esta vez uno clásico, el de encontrarme con alguien por la calle y que me diga que van a un examen, que van a un examen que yo no... ostia, un examen y no tengo ni los apuntes ni nada y cómo voy a ir yo al examen si no... ostia, ostia, que no tengo ni los apuntes ni el libro ni nada y si yo ya tengo el título... me lo van a quitar. Pequeño burgués miedoso.
Otro sueño. Una especie de figura de humo. Este ha sido nuevo. Una figura como de humo que tenía brazos y que hacía el gesto de volar. Era un sueño bonito de esos sueños bonitos que le salen a uno de vez en cuando. Qué querrá decir. Qué querrán decir los sueños. Los sueños cuando tienes fiebre. Cuando estás malo. Pero no tenía fiebre, pero tenía fiebre.
Y me he levantado esta mañana y parece que no estoy tan malo, pero me hago el valiente porque tengo que currar y ya he puesto la cruz un día y no puedo ponerla dos. Todo el día en la cama. Y la cama parecía aguantarlo bien. Y los pañuelos no me han faltado. Me compré un jardín de pañuelos el sábado. O el domingo. No me acuerdo. Y ahora tengo pañuelos y pañuelitos dispersados por el suelo de toda la casa. Y el domingo me acabé el libro de la revolución rusa pero no pienso decir nada del libro porque entonces chafo la sorpresa.
Y me duelen los brazos. Y los ojos los tengo como así así, pero no me pican y eso me alegra porque solo faltaba que me liara a rascarme como si me los tuviera que sacar.
Dormir, dormir, todo el día durmiendo y con la radio de fondo.
Y no sé qué más puedo contar. Hoy en la biblioteca me daba el sol en la cara. Y alguien me ha dicho que si me da el sol en la cara puedo estornudar más. Pues lo que faltaba. Pero no. No ha sido así. Suerte.
Recuerdo, y esto es lo que quería contar de verdad, pero me voy y no paro, que una vez, hace muchos años, estando todavía en casa de mis padres me puse malo. Fue para estas fechas, creo. O más allá. El caso es que yo acababa de descubrir el Dioptria de Pau Riba. Y me lo puse unas mil quinientas veces aquella tarde noche. En el sofá, con el brasero, escuchando el disco, una y otra vez. Pau Riba otra vez. Y que además, estaba en una fase sonic youth también, con el disco A thousand lives.
Es posible que la música la escuche según el tiempo. El brasero, la música, los mocos, estornudar. Nunca he estornudado tanto ni tantas veces como el domingo por la noche y ayer. Con esa violencia. Qué me estará pasando. El frío. Este frío es diferente. No me quiero poner trágico pero este frío mío ahora no es normal. Frío. Miedo al frío.
No me gusta ponerme malo, no me gusta estar malo. Cómo está el toni, malo. Ahí va, malo. Enfermito. Malo. Eso no. Pequeño burgués con dolor de hombros no de cargar cosas, si no de frío. Malo. Caldo. Acuérdate de comprar caldo.
Gracias a los y a las que ayer me ofrecieron caldo. Algo positivo tuvo el día. Ahora toso y eso. Veremos.

domingo, 19 de noviembre de 2017

El pasado no me interesa

En esta foto de Carlos Herrera no se le ve con su aspecto actual, más moderno, con barba y bigote y gafas. Con esta facha, la actual, presenta un programa hasta hoy en la Primera de Tve, que se llama ¿Cómo lo ves? Al  parecer en el programa, hace una serie de preguntas y la gente opina sobre ellas. Para dar un poco de chicha, tiene unos colaboradores que reflexionan sobre el qué.
Carlos Herrera es producto de otro tiempo. Como cuando José María García, y no los pongo la mismo nivel, quiso seguir haciendo radio o tele cuando ya su tiempo había pasado. Carlos Herrera hace un programa matinal en la Cope, donde pontifica sobre la actualidad y con ese tono de señorito cosmopolita pero llano pero señorito pero hombretón pero señorito pero que ha vivido en Barcelona pero señorito, va colando su tufillo reaccionario en cada comentario. Si una empresa privada quiere dejarse la pasta en esto, no seré yo quien lo discuta. Si esa empresa privada también se financia con mi pasta, lo discuto más.
A lo que voy, entre esos contertulios se encuentra Salvador Sostres, periodista muy catalán que representa la quintaesencia de la derecha catalana. Fascista, clasista y guarro. Puede ser la derecha de cualquier parte, al menos la extrema derecha. En un principio, cuando comenzaba, Sostres era muy convergente, muy de derechas y muy indepe a la vez. No sé si era indepe, así como es la gente ahora que sonríe tanto. Era un clasista. Era de los que se reían de los charnegos, de los andaluces, de los que eran pobres, de los que no eran como él y sus amigos. Ahora hay un personaje en la radio, el Nacho de Sanahuja que creo que lo imita. Creo que lo parodia. Salvador Sostres es infame, comentarios pedófilos, comentarios homófobos, comentarios que no hacen gracia porque no tratan de hacer humor, tratan de hacer daño a quien no piensa como esa clase de gente que no nos quiere conocer, que quiere que trabajemos para ellos pero que no nos acerquemos a sus casas. Y follarnos vivos a cada rato. Como el nota ese de Jordi Galves que ha escrito un artículo sobre Cornellà que da más asco que la ostia. Y qué grande el artículo de la Vasallo reivindicando ser de aquí y señalando a esa gente que se ríe tanto de nosotros por no ser como ellos.
Sostres, al final, escogió entre ser muy de derechas y ser... y eligió ser muy de derechas, una vez que esto del nacionalismo se ha contaminado con los hippies de la Cup, que le deben dar un asco atroz. Así, como otros en su momento, se alinea ahora con la derecha que quiere orden, por encima de todo.
Salvador Sostres fue reclutado hace poco, como digo, para el programa de Carlos Herrera. Hace poco significa que todo el mundo sabe quién es Salvador Sostres y dio igual. La Primera cadena tuvo el desagradable honor de tener a un apologeta del maltrato y la pedofilia en pantalla haciendo daño.
Las bajas audiencias, al parecer, han provocado que el propio Carlos Herrera, tan señorito, nos permita seguir viviendo y abandona el programa para seguir dando la brasa en la radio. Es decir, se acabó esa mierda. Hoy iban a hablar, como el que no habla de nada, si lo de la vacunación infantil es fetén.
La extraña manía de pensar que las cosas rancias y con tufo a rancio nos van a volver a gustar. La extraña percepción de que las cosas que huelen a nazi nos van a molar, porque no las entendemos o porque somos eso, jabón para uso humano. Se creen que somos jabón y que vamos a sonreír mientras el pijo de mierda de turno se bufa en nuestra cara. Nos escuchan, nos pasan la mano por el lomo, nos joden, es por nuestro bien.
Hoy, espero, que ya no emitan esa trufa de programa. Lo que no espero es que no sigan pensando que nos interesan las ferias y fiestas, que nos interesan los toros y las romerías, que nos interesan los bailes y cánticos regionales, que nos interesan los recios valores, que nos interesan las mujeres mujeres y los hombres hombres, que nos interesan los pueblos y sus gentes, que nos interesan los profesionales liberales, que nos interesa una puta mierda nada de lo que nos ofrecen en esas televisiones públicas que solo sirven para hablar del pasado. De sociedades arcádicas, donde todo el mundo (su puto mundo) es bueno y santo y habla bien y si habla mal nos reímos de ellos y les pasamos la mano por el lomo y les escupimos a la cara para que se limpien con el pañuelo que les damos.
No me interesa nada del pasado. Al menos de su pasado. No quiero que mi presente sea su pasado. No sé cómo decirlo más claro.

viernes, 17 de noviembre de 2017

Miscelánea

Basándonos en lo viso y oído en los últimos días, hemos de convenir que el periodismo no tiene ya motivo de ser. No nos podemos fiar de lo que dice la prensa. Al fin, tras años, décadas, casi siglos de prensa escrita, radiofónica, televisiva, etc., nos hemos dado cuenta de que la prensa nos engaña, que no nos podemos fiar. Las noticias, vienen de agencias, y las agencias tienen intereses. Es una verdad sobrecogedora que nos tendría que hacer pensar que... no entiendo cómo es que la gente no sale a la calle. Esto de que las noticias las hacen las agencias y que estas agencias o los medios económicos controlan lo que se publica y lo que no, la he leído en un sitio. No puedo decir dónde, pero son fuentes contrastadas. Fuentes contrastadas. Cada vez más, la vida no es la vida. El mundo no es el que vemos, el mundo es el que nos cuentan por las mañanas que tiene que ser. El que es. No es verdad, por ejemplo, que el soberanismo se presente por separado en estas elecciones. Van todos juntos pero con listas separadas. Escuchado, sin intermediarios. Y sin embargo, yo mismo sé que no me tengo que creer nada de lo que escucho y ni siquiera me creo nada de lo que digo. He llegado a pensar que las cosas que escribo en mi propio blog, ni siquiera son verdad. No recuerdo haberlas leído o escrito de una vez a otra. Y eso me hace sospechar. Igual Maruja Torres entra en mi ordena y...
https://www.youtube.com/watch?v=j1aLedycjVQ

Una de las sensaciones de la temporada es no ver la tele. Creo que después del desengaño de no ver el fútbol es el de no querer saber qué dan en la tele. Ver la televisión, estar atento al desenlace de una serie. Veo el programa Zapeando y descubro al cabo de los meses que de lo que trata realmente es de ver exactamente las noticias del día anterior comentadas. Era el único programa que me hacía gracia. El fútbol. El otro día vi bajar a los jugadores de la selección española del avión. Me di cuenta de que no los reconocía a todos. No sabía quiénes eran todos los jugadores. De hecho, vi bajar a Kepa, portero del Athletic y me costó reconocerlo. Mal síntoma si ya no reconoces a los tuyos. El tiempo pasa y las cosas que te gustaban pasan. Las cosas que creías reconocer pasan de largo. Y entonces te gustan otras. Eso es lo que se espera que digas. Que todo pasa y que bueno, te vas adaptando, no. Pues no. Si antes te gustaban unas cosas y pierdes el interés qué mierdas pasa. Qué cojones está pasando para que no sepa yo los jugadores de fútbol que bajan del avión. Qué ocurre. Antes no había ni la mitad de información y ahora hay mucha información y puedo tener todos los discos de Sonic Youth en un clic y no me sé los jugadores. Qué ocurre. No tiene nada que ver con el tiempo. Tiene que ver con la puta mierda que es todo.
https://www.youtube.com/watch?v=czBJYXq4YVE

Las mejores sensaciones. Un picor de ojos insoportable desde que te levantas por la mañana y que va manteniéndose hasta que te tienes que ir a la cama porque no puedes estar más tiempo con los ojos abiertos. Con los ojos cerrados. Con los ojos guiñados. Tocándote los ojos, rascándote los ojos. Llorando constantemente. Un lloriqueo incesante, una especie de barraquera que te hace ir por las calles de tu amada ciudad de extrarradio con los ojos arrasados en lágrimas. Con dos ojos como dos rajas de nosequé. Hablan de los ojos rajados. Esos son mis ojos. No se aprecia el verde amarronado ni el marrón verdoso de ellos. Y voy caminando y a los ojos rojos se suma la nariz colorada y el continuo moqueo. El moqueo constante, los mocos, estornudar, una, dos, tres veces. Aguantar el estornudo. Tener mucho frío. Bajar a tomarte el cortado en el bar y estar con la chaqueta puesta. Ir por la calle y ver a un chaval con la camiseta de manga corta. Y pensar que no somos del mismo planeta. Y hoy hace calor y me sobra mucha ropa, pero no me la puedo quitar porque me da miedo. y me he tomado una pastilla de paracetamol y he bebido la equinacea y hasta un antistamínico. Y hoy medio medio, pero quién sabe si mañana va a volver.
https://www.youtube.com/watch?v=KwucJNtc3hQ

Era una puta lo hiciste bien. No era tu culpa, era una puta, lo hiciste bien. Este cántico se escuchaba en las gradas del campo del Betis cuando su jugador, el delantero centro canario... se me ha olvidado el nombre, fue acusado de malos tratos, de agredir a su novia. Que si pum, que si pam, en las gradas, los chavales cantaban esto. Rubén Castro. Y bueno, pues ahí está. No sé cómo quedó la cosa, pero el tal Rubén siguió jugando y ahora está en China pero parece que va a volver pronto. Y luego fue otro jugador, un central del Atlético de Madrid. En ambos casos no eran malos tratos o una agresión, si no una pelea entre los dos. Claro, si es pelea entre los dos, y la otra está loca, qué puedes hacer si no defenderte. Y así vamos. Ahora vamos a ver cómo somos capaces de darle la vuelta a la cosa para que los chuloputas esos de los Sanfermines no acaben siendo víctimas de una campaña de acoso de la izquierda que aprovecha para cargar contra la guardia civil y el ejército y la ostia. Y, peor, leer a gente hablar de procedimientos, de la presunción de inocencia... formalismos jurídicos que aprovecho para meter con calzador y así hablando de una cosa, acabo hablando de lo mismo. La ley. De repente aparecen escrupulosos cumplidores de la ley. Era una puta, lo hiciste bien. Sociedad de mierda.
https://www.youtube.com/watch?v=mAc_vdbF1pU

Aquí donde me ven, que soy prácticamente perfecto en todo, también hago mis pinitos en el mágico mundo del machismo. Las mujeres y la magia. El machismo de hablar queriendo parecer que sabes pero en realidad no tienes ni puta idea. No sabes ni donde tienes la cara. Qué haces opinando de algo que no sabes. Qué sabes tú de las mujeres. De una mujer, de dos, de tres mujeres. Qué sabes tú si las mujeres quieren sentirse como mujeres. Si todas las mujeres. Si todas. Pero uno reincide. Y hace un comentario para hacer gracia y reconoce al instante que puede meterse la lengua en el culo porque no ha tenido gracia, pero el caso es que ese comentario con otra gente tiene gracia y va todo como muy al revés. O no lo haces bien. No lo haces bien y punto. Hoy, antes del concierto de mi hermano, hay una concentración para protestar contra el patriarcado judicial. Según el mundo unicornial, cuando seamos o estemos en República, el machismo será cosa del pasado. Y así será. Será mágico. Las mujeres son mágicas. ¿Por qué? ¿Por qué son mágicas las mujeres? ¿Por qué tienen otra sensibilidad? ¿Todas las mujeres? ¿Tengo... ? estoy hablando en primera persona y no debo. No lo hago bien, no sé porque saco el tema si no lo tengo claro.
https://www.youtube.com/watch?v=GIOdjR2O3xg

Hoy es el cumpleaños de mi amiga Pepa. La Pepa Killamama. La Pepa de mi pueblo. Que no dónde estará. ¿Digo mucho que me acuerdo mucho de la Pepa? Recuerdo, por hacer algo con este párrafo para recordar a la Pepa, recuerdo una noche en Woodstock, yo creo que ya hacía frío y todo, aunque era pleno mes de julio, o no hacía frío. Es igual. No sé si nos quedaba Ron Cacique del que llevé, o solo era todo ya a base de cervezas. No sé qué llevé yo de música, pero llevé un cd con música de Pau Riba y estuvimos bailando esto y lo otro y lo de más allá, con la música de Pau Riba en mitad de la calle, en la puerta del flat. Cosas que solo hacías con Pepa. No sé los años que debe cumplir. Me acuerdo mucho de Pepa. Juan Román Riquelme. La juventud sónica. No sé por dónde andará Pepa ahora, supongo que estará por las Alpujarras. El Facebook no me ha dicho que hoy sea su cumpleaños, lo he visto por otro lado. Los cumpleaños de la gente, los recuerdos con la gente. En realidad nada de eso existe. Hablar y discutir con Pepa de lo que existe y de lo que no existe. Se creen que los de Jaén somos gente callada y que no tenemos conversación. Chínchennos un poco y verán en qué agujero se meten.
https://www.youtube.com/watch?v=It5_kjR55eY

Poca cosa más ya por añadir. Que tengan un feliz fin de semana y nos vamos viendo por donde se diga.

jueves, 16 de noviembre de 2017

Un rollo medio nazi


Una bandada de murcianos volando llegan a un sitio y aprenden a hacer algo. Una frivolización sobre lo nazi. Ya lo hizo Bolaño, o él lo hizo algo más en serio, o mucho más jugando. Lo nazi. Una orden. El pelo cortito de atrás y de delante no tanto. No estés más ahí, vete allí. Recoge tus cosas, venga usted conmigo, va, vuelva de nuevo a su sitio. Solo estoy en un momento medio nazi. Hoy es el día mundial de la filosofía. La vaca de Martin Heidegger. Un filósofo alemán de mucho prestigio que cuando llega la hora de definirse, elige el nazismo. Y colabora, y da clases, y se pone muy estupendo y luego, cuando llega la hora de definirse dice que nosequé. Unos chicos muy de barbas recortadas y en plan medio nazi van a Pamplona a correrse. Y pillan a una pava que no me interesa. Y se la zumban. Y piden respeto y que ella justifique que no es una algo. Una cabaña en el bosque, nos juntamos unos amigos, estamos hablando, se me hinchan las pelotas de tanta copita de vino y de tanta discusión sobre si las cadenas de producción han matado la creatividad de lo artesanal y manufacturado y me cago en su puta madre. Y les digo que no se dan cuenta de no es la puta cadena de montaje, que es el hecho de haber perdido la esencia. Y les digo que son unos cagones y unos mierdas todos porque han perdido la perspectiva y que si estamos en una cabaña en el bosque es porque queremos sentir de nuevo que la naturaleza es nuestra madre. Y que mañana mismo vamos a salir todos menos uno a dar un paseo por el bosque, desnudos. Y que todos menos uno significa que uno de nosotros va a morir. Y propongo que no votemos, que lo decidamos a ostias. Y muere un colega del colegio. Y le matamos a hachazos entre todos. Y lo consideramos un tributo de purificación. Y quemamos el cadáver y lo lanzamos ardiendo ladera abajo y nos bebemos un mejunje que ha preparado una amiga que es noruega y no puede recitar poemas. Los tengo que recitar yo todos. He venido de Murcia, en una nave espacial, he aterrizado aterido de frío en este paraje inhóspito de la estepa siberiana. No sé hacer nada. Pero con la voluntad que da saberse inferior y tener que buscarme la vida de cualquier manera, llegaré lejos. El portero de la selección italiana llevaba el 88 porque era un nazi. Nos gusta hacer ciclos de cine nazi. Vemos películas como Grease y las analizamos desde un punto de vista completamente goebblesiano. Luego volvemos a casa y con nuestras familia decimos que vamos a participar en las elecciones para recuperar nuestro orgullo. Y mi madre me hace la comida que más me gusta. Y le digo que ponga más bacon. Que quiero comer cerdo todo el rato. Y en el día mundial de la filosofía me pongo a leer a Wittgenstein y no entiendo nada, pero entiendo que si tiene un nombre germánico debe ser medio nazi. Y me dejo bigote porque parezco un policía nacional de serie chusquera y me hace parecer más hombre. Hombre, hola. Qué tal. Has venido a por aquello, claro, pero no lo tengo, tendrás que esperar a mañana. No puedo esperar, le dije, tengo que tenerlo ahora porque mi tiempo es ya, no podemos esperar. El mañana me pertenece, el mañana, la sensación al despertar de que el mundo está ahí esperando para que lo devore, me lo coma, lo apriete entre mis brazos y lo consuma. El mundo, la mañana, la brisa, el frío, los ojos que me lloran porque me emociona pensar en las cosas grandes que podemos hacer si todos unidos nos ponemos de acuerdo y nos ponemos a escuchar música de películas normales pensando que son nazis. Todas las películas tienen un tufillo nazi. Buenos días, Vietnam. Con su rollo completamente nacionalsocialista. Su música que se ríe de los débiles. Los débiles que están por todas partes. Gente en la barra de un bar tarareando canciones sentimentales, flojas, románticas, tristes, que no enardecen el espíritu patrio. Que se dejan llevar por lo que dicen los medios, que hacen caso de la voz oscura que nos quita la luz. He salido a la calle y le he pegado fuego a un quisco. Con el quiosquero dentro. Pero he dejado fuera casi toda la prensa deportiva. Solo estoy medio nazi. No os hace gracia leer lo de medio nazi. Lo entiendo. Pero no os estáis quejando lo suficiente. Deberías gritar más. Estoy seguro de que gritas de una manera diferente a la mía. Grita más fuerte, mierda.